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Papeles (n. 130): Problemas y desafíos del mundo urbano

Papeles n,130PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global (n. 130, verano 2015): “Problemas y desafíos del mundo urbano”. Madrid: Fundación Benéfico-Social Hogar del Empleado FUHEM, 1993. ISSN 1888-0576

“La relación entre el mundo urbano y el rural se está transformando radicalmente. El campo se está urbanizando y, entre sus pobladores, cada vez hay menos campesinos. Se integra en la oferta consumista urbana convirtiéndose en un lugar para el disfrute de los fines de semana y días de ocio de una población confinada el resto del tiempo en la ciudad. Las demandas de la vida urbanizada marcan los ritmos y las actividades del mundo rural, como muestran los cambios en su papel, todavía central, de suministrador de mercancías agrícolas a los mercados urbanos, ahora plenamente integrado en un esquema globalizado de industrialización alimentaria muy alejado del de las economías campesinas que antaño contaban con una relativa autonomía para determinar qué, cómo y para quién producir. La colonización del espacio rural es consecuencia de un proceso metropolitano cuyos impulsos van más allá de los que despliega en la propia ciudad.

Contemplar el mundo rural y urbano por separado es un error en el momento en que se difuminan las diferencias entre ambos. […] Ambos mundos son el resultado de cómo organiza el espacio el capitalismo. Este se ha desarrollado históricamente en las ciudades. En ellas se encontraba la mano de obra necesaria y los potenciales consumidores que anticipaban la formación de un mercado interior que la instauración de los Estados-nación se encargaría de ensanchar antes de dar el salto, a través de sucesivas fases  de internacionalización, al espacio mundial. La globalización ha dado lugar a un mar de urbanidad con islotes rurales en continuo retroceso. El desarrollo capitalista desenfrenado, señala David Harvey, promueve un proceso que da salida al “capitalismo sobreacumulado ávido de inversión en un crecimiento urbano raudo e ilimitado sin importarle cuáles sean las posibles consecuencias sociales, medioambientales o políticas”. De este modo, el resto del territorio no urbanizado queda redefinido de forma subalterna, como mero proveedor de recursos y sumidero de desechos, desprovisto de identidad y cultura propia, desposeído radicalmente, no sólo de lo que tiene, sino también de lo que es.

Pero más allá de lo que pueda significar el proceso urbanizador en la absorción del capital excedente, también las diferentes fases por las que ha transcurrido el capitalismo han hecho evolucionar el papel de las ciudades: “En un primer estadio, en el capitalismo de producción, la urbe hizo las veces de un campamento donde habitaba el ejército laboral de reserva. Más tarde, en el capitalismo de consumo, la ciudad fue el lugar donde brillaban los objetos de deseo. Ahora, en el capitalismo de ficción, la ciudad deja de ser contenedor para ser ella misma, en cuanto objeto, la que ingresa en el proceso de producción”. Sin eludir atributos de otras épocas, las ciudades en la fase del capitalismo cultural (o “de ficción” como lo denomina Vicente Verdú) aspiran a ser “ciudades globales” que funcionan como plataformas organizativas y nodos principales de una red de interconexiones desarrolladas a escala planetaria o, si acaso no lo logran, meros destinos turísticos una vez reconstruidas como escenario teatral al servicio del show business. En uno u otro caso, la ciudad, además de espacio mercantilizador, queda convertida en espacio mercantilizado (bien como mercancía para la producción de otras mercancías, bien como mercancía final ofrecida para ser degustada en la sociedad del entretenimiento).

Sometida a estas tendencias se hace difícil concebir la ciudad como un espacio común de relación y convivencia centrada en las necesidades de las personas que la habitan. Más bien, al contrario, bajo el dominio del capital urbanizador se va imponiendo […] un modelo metropolitano segregado, privatizado y securitizado que obstaculiza la participación ciudadana y la cohesión social y hace imposible la sostenibilidad ambiental, pudiéndose observar todo ello con mayor claridad a través de algunos fenómenos que emergen, si bien con fuerza desigual, en las ciudades contemporáneas. […]

[extracto de la introducción “Hacer frente al proyecto urbanizador del capital”, de Santiago Álvarez Cantalapiedra]

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