Papeles, nº 129. “Municipios y participación ciudadana”

Papeles n.129PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global (n. 129, 2015). “Municipios y participación ciudadana” [monográfico]. Madrid: FUHEM, 1993. ISSN 1888-0576

En los municipios se encuentran las soluciones. Eso es lo que parece traslucir el nuevo activismo que se inicia cuando la “indignación resignada” da paso, tras la irrupción del 15M, a una oleada de “indignación movilizada” que, buscando presencia y visibilidad pública, ocupa las plazas de un buen número de ciudades de nuestro país. Desde entonces asistimos a una nueva etapa en la que se aspira a tener representación en las instituciones. El municipalismo es su mejor expresión. […]

Es en el ambito municipal donde se piensa que se pueden plasmar mejor y con mayor claridad las nuevas maneras de entender y hacer política que defiende el movimiento ciudadano. Primero porque surge de ahí, de las plazas de pueblos y ciudades dondese han abierto lugares de encuentro para aquellas personas que quieren participar en la cosa pública (Res publica), espacios en los que no se piden credenciales y se hace posible que gente diversa exprese sus coincidencias sin necesidad de renunciar a sus diferencias. En segundo lugar, porque los municipios son lugares de proximidad y ámbitos abarcables, dos elementos indispensables para sortear la sensación de impotencia que provocan en los ciudadanos las lógicas de poder que emanan de estructuras que los trascienden. […]

Ahora bien, la apuesta municipalista debe ser consciente de los límites y tendencias a los que se enfrenta. Por un lado, los límites tienen que ver con las restricciones presupuestarias, el marco que define sus competencias y los cauces de participación habilitados para que el espacio público alcance a ser autogestionado y la ciudad autogobernada por sus ciudadanos y ciudadanas. La insuficiencia financiera de las instituciones locales es evidente en nuestro país y poco se ha avanzado al respecto. […]

Por otro lado, las tendencias urbanizadoras del capitalismo financiarizado operan como si fuera posible imaginar una ciudad sin ciudadanos. Como consecuencia, la ciudad se ve anegada por el asfalto y el cemento, provocando la desaparición de aquellos lugares donde sus habitantes podían reconocerse como “conciudadanos”, es decir, iguales en derechos y deberes en permanente interacción convivencial. El modelo de ciudad difusa, la conurbación que destruye la idea de ciudad o su transformación en un escenario comercial y de consumo, en un parque temático o museo para turistas, son instrumentos de un urbanismo empeñado en desposeer a la ciudadanía de su condición al mercantilizar el espacio urbano y acabar con la ciudad como “bien común”. […]

Si la apuesta municipalista consiste en recuperar la ciudad para sus habitantes, en última instancia no significará otra cosa que “un mayor control democrático sobre la producción y uso del excedente”, y deberá comenzar por rechazar la política urbana neoliberal que entregó en las décadas pasadas el espacio urbano a constructores, promotores inmobiliarios y especuladores financieros mediante la desposesión de las masas urbanas del derecho a la ciudad.

[extracto de la introducción, por SANTIAGO ÁLVAREZ CANTALAPIEDRA]

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